Dic
16
2006

Paseo por la sexta… y muerte en el intento.

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Andy reportándose, el Ángel Unialado (100 puntos si entienden eso ). Si pasan uno o dos eclipses solares entre post y post no se sorprendan que así es como funciona mi verborrea. Dejenme hacer berrinche entonces acerca de mi fallida expedición al Centro Cultural Miguel Ángel Asturias y lo que acaeció de ella.

Extracto del diario recuperado de Sir Andrew “Andy” Nisaying, hallado en el interior del bolsillo de Tetumbo Elchunche, guía de la expedición en búsqueda del templo Miguel Ángel, a través de las estepas de la Calzada Bolívar y los acantilados de las avenidas quinta, sexta, séptima, octava y por poco y novena de la zona 1.

***

…y cuando solo quedamos yo, mi otro yo y el guía, allá en la lontananza divisamos los picos que debían pertenecer al Templo que buscábamos. Lamenté el fallecimiento de mi amiga Paciencia y suspiré pensando que se habría sentido muy recompensada. Las estepas interminables de la Bolívar se cerraron poco a poco a medida en que nos acercábamos y al poco tiempo se iniciaron los acantilados de la zona 4. El templo se erguía a unas decenas de metros de nosotros.

¡Oh, cruel decepción! Debido a una incopetente, insensata, incalculada y mula decisión por parte del consejo de la tribu era imposible que nuestro vehículo atravesase perpendicular la 24 calle, la calle del templo; habían sido colocadas aquellas infames y p*&%s barricadas anaranjadas, separando inexorablemente ambas vías de la calle. El guía sugirió continuar cuesta abajo, atravesando las vías del tren, internándonos en los acantilados donde más de un aventurero ha perdido la vida, pero eventualmente rodeando una cuadra adyacente a la sexta avenida y proseguir cuesta arriba, del lado opuesto a donde nos encontrábamos. De esta manera, las puertas del templo se abrirían hacia nuestra calle.

Descendimos con mucha cautela hasta los acantilados y, sin mayor problema, rodeamos la cuadra. Cuál no sería nuestra sorpresa al descubrir que la ruta que nos debía llevar a las puertas del templo en realidad era un caudal que nos arrastraba hacia la oscuridad de la séptima avenida. Para evitar la desgracia, doblé hacia la izquierda a la primera oportunidad que tuve, pero valdío fue mi esfuerzo porque el vehículo se deslizó y caímos al río de la sexta avenida. La corriente nos arrastró sin misericordia.

Los nativos habían obstruido el río. Una masa de gente, que parecía que adrede se arrojara al vehículo para adrede ser arrollados por éste, se movía por doquier y hube de hacer grandes esfuerzos para dejar la corriente y regresar a tierra firme. Para entonces, nos encontrábamos cercanos a la 17 calle, quinta avenida. Nótese que el templo se encontraba en la 24 calle.



Los nativos incesantemente se arrojaban continuamente al vehículo y habían levantado varias tiendas de comercio y derivados a lo largo de la sexta. Ésa era la causa de la obstrucción del río. Comencé a preocuparme, a sabiendas que los nativos en cualquier momento, a medida en que se incrementaban sus números, podían tornarse agresivos ante el vehículo que se movía a través de lo que ellos, porque sí, consideraban su territorio. Por medio de la radio telefoneé a mi señor padre, experto conocedor de los territorios de los acantilados, quien me aconsejó desistir de todo propósito de reingresar a la 24 calle a través de la sexta y se dirigirme a la octava avenida, la cual corre en la misma dirección.

Después de muchas faenas, logré arrivar a la octava avenida. El tránsito de toda la fauna se había acrecentado, pues aparentemente no sólo mi señor y experto padre sabía de la existencia de la ruta alterna. En la 20 calle doblé a la derecha, con el propósito de internarme en la séptima avenida, desde la cual proseguiría de nuevo a la sexta. El plan era tomar el curso de la sexta en un punto donde los nativos no hubiesen levantado sus tiendas ni se encontraran en números tan significativos. De allí, sería fácil alcanzar la calle del templo.

El resultado fue un desastre.

Los nativos, alertados (porque parecía que los muy serotes a propósito lo hacían) de nuestra presencia habían movido a sus huestes río arriba y también habían bloqueado esa sección. El guía, yo y mi otro yo decidimos que la única manera de salir vivos de aquella situación era la de armas tomar. Nos internamos por vez última al río, y las flechas y los bocinazos resonaron en el aire. Fui herido de gravedad y no pudimos hacer más que retirarnos presurosamente hacia la quinta avenida de nuevo. Aunque tanto el guía como mi otro yo exigían pasar la noche en aquella región (bastante lúgubre, por lo demás) me impuses a ellos y descendimos hasta la 16 calle, donde doblamos a la derecha y nos dirigimos, con la moral por los suelos, hasta la 10 avenida. El curso de aquel río nos llevaría hasta las tierras conocidas. La expedición (la segunda del día, porque no les he contado (ni pienso contarles) de la anterior, la ida al banco) había terminado en un completo desastre.

Al momento en que escribo esto, refugiado de los nativos en las tierras conocidas, lloro de la rabia y de la congoja. En poco tiempo hemos de llegar al paseo La Reforma y estaremos a salvo.

¿Qué es aquello que oigo? ¡Disparos! Los nativos se encuentran también aquí. No hay nada que hacer. Que Dios nos ben…

***

Fin del relato

Ya en serio, madre santa, qué calvario fue esa ida al centro, sólo para conseguir los pinches boletos de la ópera. Parecía que la mara estaba más que idiota hoy. Increible, no es cuento, parecía que la gente pensaba que el carro no les iba a hacer nada si les pasaba encima y se atravesaban la calle como si nada. Así. Como si nada. Y la sexta, por Dios, la sexta: kilómetros de avenida cerrados porque… porque… porque a la mara no se le había ocurrido un mejor lugar para poner sus negocios. Increible.

Y, a todo esto, me rendí y no fui a la ópera. Me hace pensar en la supuesta responsabilidad inherente que hay del nacido en una patria hacia dicha patria. Vacas rumiando, cerdos de engorde, son animales sueltos en un inmenso corral, eso es lo que son.

En fin, c’est la vie est c’est belle.

¿Verdad?

Written by Andy in: Guatemala, Todo lo demás |

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