“Juicio ético a la civilización”: un comentario
Por juanpablo el 29/May/2007
En la página 4 de la edición de 15 de mayo de 2007 de “Vida Universitaria”, publicación periódica de una Universidad privada nacional, aparece una columna de opinión titulada “Juicio ético a la civilización”, que me pareció muy interesante. A la vez que manifestar mi aprecio y mis mejores deseos para el enriquecimiento académico e intelectual que esa publicación y casa de estudios promueven, me permito compartir algunas reflexiones personales motivadas por el contenido de la mencionada columna.
En ella, el autor expone lo siguiente:
“se habla mucho de la grandeza de los romanos, de los chinos, egipcios o mayas, pero dicha grandeza se centra en la arquitectura, ingeniería, o que ponen bien las piedras (…) pero estas edificaciones bonitas fueron ordenadas por personas crueles, enajenadas como Nerón, Vespaciano [sic], Calígula, el emperador Qin de China, o personajes olvidados en la historia que no dejaron realmente un legado de calidad moral. (…) Civilización es tanto en la calidad humana de la población, como en la calidad del Estado, es una relación de excelencia en los cinco sistemas que se relacionan con el ser humano: la vida y medio ambiente, las emociones, economía, cultura y el sistema legal. (…) No hay que ser tan ingenuo sobre el valor de las piedras colocadas de manera artística o impresionante, en su mayoría fueron ordenadas por seres humanos no civilizados”.
Estoy completamente de acuerdo con el autor cuando afirma que “la civilización debe tener como objetivo moral el bienestar de la persona, su realización, la paz, la armonía con la naturaleza, una ciencia y cultura en función del bien humano“, si bien cuestiono la posibilidad de que “la civilización”, como tal, sea capaz de tener objetivos morales susceptibles de un juicio ético, ya que estos pertenecen propiamente a la persona individual, único sujeto capaz de plantearse objetivos morales, toda vez que la moralidad es un calificativo de los actos humanos libres y, por tanto, sólo cabe hablar de objetivos morales en el individuo en uso de su libre albedrío.
No obstante la reserva anterior, comparto el noble anhelo que el autor manifiesta de que “Entre el líder, el científico, el artista y el ciudadano debe existir congruencia entre la calidad de su trabajo y la calidad moral de la persona“. Sin embargo, estoy en desacuerdo con la manera en que el autor enfoca las personas y “civilizaciones” que critica en su escrito: por ejemplo, el Coliseo de Roma, cuya construcción fue ordenada por el Emperador Tito Flavio Vespasiano, fue en realidad producto del talento de uno o varios arquitectos (cuya identidad la historia no conoce), y del trabajo honrado de muchas personas, cuya calidad moral jamás podremos conocer, por lo que no cabe descalificar toda una “civilización” en atención a unas cuantas personas de dudoso “legado moral”. Por otro lado, sobre el mismo Vespasiano podría, por citarse tan sólo un ejemplo, hablarse de la austeridad personal que vivió en su intento por sanear la situación económica del gobierno romano. Asimismo, no olvidemos que la civilización romana a la que se alude directamente en la columna, es la misma que nos dio hombres de la talla moral y ética de un Cicerón, un Séneca, un Catón, y sus respectivas enseñanzas; una civilización que, como nos enseñan los estudiosos de su historia y cultura, prosperó precisamente gracias (entre otros factores) a la calidad moral que tenían como ideal sus primeros habitantes. Alude también el autor al “sistema legal” como un elemento de civilización, y precisamente el mayor legado que Roma ha dejado a la posteridad no son sus edificios y monumentos (aunque también en eso tuvo grandes méritos), sino el Derecho Romano, reconocido como uno de los tres fundamentos (junto con la filosofía griega, y la cosmovisión y valores judeo-cristianos) de la civilización occidental a lo largo de los siglos.
Además, ¿cómo olvidar, entre otras cosas, las altas aspiraciones de justicia y rectitud moral que inspiraba la noción egipcia de Ma’at, o la estima por la laboriosidad y el honor de que es ejemplo la antigua cultura china? Más allá de pirámides y murallas, que aun por sí solas tienen un gran mérito, estas culturas nos han dejado grandes valores intelectuales y morales, que son precisamente lo que el autor busca promover y defender en su escrito: es más, el autor propugna por la vivencia de valores que probablemente ni siquiera conocería de no haber sido la Acrópolis, el Capitolino y el Calvario los tres montes sobre los que se asienta la civilización occidental. Por otro lado, ¿acaso habremos, por ejemplo, de rechazar, censurar moralmente, o dar un juicio ético negativo de los adelantos científicos de la humanidad, a causa de la supuesta homosexualidad de Isaac Newton? Como dicen, “honor a quien honor merece”, y yo añado: “en tanto y en cuanto lo merecen”. Si esperamos, para calificarla como “civilización”, a que se materialice una idea utópica que sería una negación de la realidad del hombre como un ser de naturaleza herida, sujeta a errores y capaz de elegir entre el bien y el mal, entonces viviremos siempre alejados del hoy y ahora que constituye precisamente esa “civilización” que tanta necesidad tiene de la calidad moral de los individuos que el autor, de forma acertada y loable, busca promover con su columna de opinión. Sobre las sociedades que menciona en su artículo, dice el autor que “en materia de hacer personas de bien, quedan mal“. Yo me pregunto: ¿qué sociedad ha quedado bien en esa materia? La misma “sociedad griega” que “hizo” a un Sócrates buscador de la virtud a través del conocimiento de lo bueno, “hizo” las orgías dionisíacas; la misma “sociedad cristiana” que “hizo” a un San Ignacio de Loyola, “hizo” los abusos de la Inquisición. ¿Será que las sociedades “hacen” personas de bien? ¿O será que la persona es capaz de hacer el bien aún en medio de las peores circunstancias sociales? ¿Dónde quedan, entonces, la libertad y responsabilidad personal?
No olvidemos que en el mismo grupo social en que floreció un individuo San Juan se desarrolló un individuo Judas Iscariote; que San Pedro y Barrabás pudieron haber sido compañeritos de escuela; que Adolf Hitler y Mahatma Ghandi pertenecen al mismo siglo, al igual que Iosiv Stalin y la Madre Teresa. Recordemos que ante un Qin hubo muchos seguidores de Confucio; ante un Nerón hubo discípulos de Séneca; y que el mismo Coliseo ordenado por Vespasiano (quien, por lo demás, fue uno de los mejores Emperadores romanos en cuanto a su visión como estadista y líder) fue inaugurado por su hijo y sucesor Tito, humanitario protector y auxilio de los damnificados por la erupción del Vesubio, y en el mismo Coliseo dieron su vida muchos de los primeros cristianos, tan cristianos como San Pedro, y a la vez tan romanos como Vespasiano. ¿Es una civilización susceptible de un juicio ético? Talvez; pero, ciertamente, no con la misma medida que tendría que condenar a San Agustín.
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Comentarios (1)
rosario
Diciembre 8th, 2008 at 8:21 pm
con cariño
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