Viernes cafril, y limitaciones del índice cph

Por juanpablo el 26/Ene/2007

Desde que asumí mi nuevo engase de elaborar el índice cph, me he podido dar cuenta de algunas cosas que, aunque cuando uno lo piensa tendrían que resultar evidentes con sencillez, no es sino hasta que uno se toma la molestia de llevar un registro que puede darse cuenta con mayor exactitud de algunos, diríamos, “patrones de conducta” de la (in)cultura vial chapina…

Por ejemplo, a lo largo de estas semanas he podido constatar que, aún cuando uno piensa que a cada rato mira gente hablando por celular mientras maneja (y así sucede), parece ser que esta cafrada tiende a ocurrir más los viernes después de medio día y por la tarde. ¿Los motivos? A todos se nos podrían ocurrir varios: mara que acaba de salir de “la U” y ya va camino a echarse sus chelas, y mientras van en el carro aprovechan para avisarle al resto de su gente para que se lleguen al lugar que será sede de la respectiva cheleada, o para arreglar la ida “al puerto”; mara que, también al concluir sus estudios del día, llaman a la novia (o futura esperanza de) para invitarla a salir; mara que tiene que dejar arreglado algún asunto importante en su trabajo antes del fin de semana, y por la premura del tiempo tienen que gestionar por teléfono al mismo tiempo que se dirigen a hacer los mandados respectivos; mara que va camino a un almuerzo de negocios, trabajo, recreación o romance, y van en el carro llamando a las personas con que va a juntarse, para confirmar si ya llegaron, si está reservada la mesa, si está socado el lugar, avisar que “ya salí pero voy a llegar un cachito tarde, pero no te ahuevés que ya voy en camino…”, etc.

Realmente, antes de que empezara a recabar datos para el índice cph, yo creía que a cada rato, cualquier día de la semana, miraba gente hablando por celular entre el carro, pero en estas semanas ha sucedido que, incluso, entre semana me sorprendo de que no es tanta la gente que va hablando por celular como yo creía, pero que los viernes, por su parte, lo sorprendente es lo contrario: es tal la cantidad de gente que uno mira hablando por celular los viernes, que hasta da miedo, “asco y rabia”, como diría mi amigo Lokofer.

Por otra parte, he podido constatar un dato que seguramente a nadie sorprenderá: las cafradas de prisa (¿será que ya podríamos empezar a clasificar las cafradas, como hicimos con las wasas?) ocurren más a eso de las 7, 8 de la mañana, cuando la mara ya va tarde a su trabajo o estudios: es entonces cuando se pasan semáforos en rojo (confieso aquí, no sin cierta vergüenza, que yo mismo cometí -y, desde luego, contabilicé- esta cafrada un día que, por apenas cinco minutos más tarde de lo acostumbrado que salí de la casa, me topé con un tráfico kilodemoníaco (”de los mil demonios”)), se cambian de carril bruscamente y sin señalizar, tocan bocina como locos cuando saben que en nada ayudará a que el tráfico avance (esto se me hace algo así como aquél que adelanta su reloj para que el tiempo vaya más rápido), etc.

También creo conveniente reflexionar un poco sobre el índice cph en sí mismo, en cuanto a su manera de determinarlo y el alcance que tiene como punto de partida para interpretar la conducta vial de los chapines. En lo personal, desde hace algún tiempo he sido muy desconfiado de las estadísticas: cuando uno mira una encuesta, se la imagina (o se la pintan) como si fueran una fotografía fiel y fidedigna de lo que ocurre en la sociedad o en determinado ambiente en relación con algún tema concreto, hasta que uno luego aprende que fue una “encuesta” hecha en internet en un sitio que sólo visitan personas de determinados gustos, tendencia ideológica, preferencia política, etc., o que los encuestadores fueron a entrevistar personas únicamente a ciertas áreas de determinadas características sociales, económicas, culturales, geográficas, etc., y entonces AWEBO que la encuesta iba a dar ese resultado…

Por eso existen empresas privadas que se dedican a contratar profesionales para realizar encuestas con un grado más confiable de rigor científico, pero aún así pueden darse algunos problemas, sobre todo en el plano interpretativo. Así, puede suceder que, aún cuando una encuesta se ha hecho con rigor científico, la manera de interpretar los datos que proporcionan, como punto de partida para la toma de decisiones, adopción de posturas, formación de criterios, etc., puede llevar a asumir algo que las encuestas simplemente no dicen, porque no es su finalidad decirlo, o está más allá de lo determinable por números, o a tomar los datos de la encuesta u otro tipo de estadística como indicativo infalible de una supuesta realidad, ignorando la correlación que esos datos puedan tener con otros factores que, al hacer la medición, no se tomaron en cuenta, dando lugar a que la gente llegue a falacias del tipo non causa pro causa, o post hoc ergo propter hoc (”el estudiante se resfrió al salir de su examen parcial, luego los exámenes parciales son una causa del resfriado…”), y después hasta vemos periodistas defendiendo en sus columnas posturas basadas en aberraciones lógicas o pobrezas de razonamiento que harían vomitar a Aristóteles. Por eso, como medida de prudencia y sentido común (como me recordó hoy un amigo: “el sentido común es el menos común de los sentidos”…), pienso que es bueno, al toparse con una encuesta o estadística, preguntarse ante todo “¿qué es lo que la encuesta NO dice?”…

Con eso en mente, desde el principio habíamos aclarado que el índice cph no pretende ser un estudio riguroso y científico, sino un mero pasatiempo. Aún así, parte de ese pasatiempo para mí ha sido preguntarme sobre cuáles serán las limitaciones y defectos del índice cph, y el alcance que sus datos pueden tener como indicador de la conducta vial chapina. Para empezar, el tema del subjetivismo. Sin entrar aquí a analizar grandes debates gnoseológicos y filosóficos en torno al subjetivismo y objetivismo, cabe decir que el índice cph es casi enteramente subjetivo, principalmente por dos motivos: por observación y por calificación.

Por observación, es subjetivo el índice cph en cuanto que sus datos se forman a partir de lo que observa un individuo en su personal recorrido por las calles de Nuestra Ciudad. Es decir, el índice cph se ve limitado a lo que esa persona logra observar en los lugares determinados que recorre. Así, la subjetividad por observación como limitante del índice cph se puede subdividir en tres componentes: por limitación del sujeto, por limitación del lugar, y por limitación del tiempo.

Por limitación del sujeto, el índice cph se ve limitado en que la persona no toma en cuenta todas las cafradas que ocurren a su alrededor. Por lo general, como comentábamos al introducir el índice cph, uno va (o debería ir) poniendo atención en su camino mientras maneja, y en aquel entonces nos preguntábamos si sería cafrada “ir pendiente de apuntar cafradas ajenas en lugar de poner atención al propio camino”, y llegábamos a la conclusión de que eso no es cafrada, porque precisamente parte del carácter cafril de las conductas calificadas como cafradas consiste en que uno las nota, independientemente de si quiere o no, porque le afectan a uno.¿Qué sucede, entonces, si uno no se da cuenta de que el que va al lado de uno en la calle va hablando por celular? ¿Acaso no ha disminuido su contabilidad para el índice cph por el simple hecho de que uno no estuvo al tanto de esa cafrada? ¿Cómo afecta eso a la fidelidad de lo que el índice cph pretende mostrar?

Por limitación del lugar, el índice cph se ve limitado en que únicamente reflejará datos provenientes de las calles que el sujeto transita. Esto, a la vez que es un inconveniente para quien esperara del cph una imagen fiel de la realidad vial general de una ciudad, es, a mi modo de verlo, una ventaja para aquel a quien el índice cph sería realmente concerniente.

Por limitación del tiempo, el índice cph se ve limitado en que únicamente reflejará datos provenientes de aquellas horas en que el sujeto tomó apuntes de su hora de salida, hora de llegada, y número de cafradas en ese intervalo. ¿Qué sucede, entonces, si uno sale a la calle pero se le olvida tomar nota de estos extremos? ¿Qué índice cph habría en aquellas horas en las que el sujeto no transita, en aquellos lugares que no recorre? ¿Qué fidelidad tendría un índice cph semanal de una semana en que el sujeto pasó tres días enfermo en casa, sin salir a la calle, al promediarlo en relación con el índice cph semanal se una semana en que el sujeto anduvo particularmente atareado y tuvo que hacer varios mandados de un extremo a otro de la ciudad?

Por calificación, es subjetivo y limitado el índice cph en cuanto que, para apuntar una cafrada como tal, el sujeto debe primero hacer una calificación de la conducta, que podríamos llamarcalificación cafril o de cafrilidad . Hay gente a quien no le importa, o le importa de modos distintos, que la mara vaya en carro hablando por celular, o que las camionetas se paren en doble fila a disputar pasaje, a que hagan parada en un lugar no señalizado. Incluso, la calificación podría variar no sólo entre distintos sujetos, sino en relación con un mismo sujeto, en atención a características subjetivas variables de éste, o de circunstancias de tiempo, espacio y modo que afectan la cafrilidad percibida de una determinada conducta. Por ejemplo, si no hay mucho tráfico, puede que en un momento dado no me parezca tan cafril que una camioneta haga parada en un lugar no designado como parada de bus, porque me es más fácil cambiarme de carril y rebasarla, en comparación con si se diera el mismo hecho en medio de un tráfico pesado; o puede suceder que en un determiando recorrido yo vaya irritable, enojado, y por tanto me molesten, o me molesten más, algunas cosas que, si fuera alegre, no me importarían en lo más mínimo. También podría la calificación de cafrilidad verse alterada por la naturaleza misma de la cafrada en cuestión: puede que no me parezca tan cafril que alguien fume mientras maneja, pero sí que alguien vaya comiendo o maquillándose mientras maneja, pues es distinto el grado de atención que cada actividad requiere y, por tanto, distinto el grado de peligro que causan.

Ante tales cuestionamientos, se me ha atravesado por la mente la idea de que el índice cph podría hacerse, no mediante promedio simple (cafradas / hora), sino mediante promedio ponderado, es decir, asignando mayor relevancia en el índice a determinadas cafradas (haciendo una especie de tasación o clasificación de la gravedad de cafradas distintas), filtrando la variable tiempo, antes de calcular el índice cph, por una ponderación de la relación entre horas transitadas contabilizadas y horas en una semana o un mes, etc. Sin embargo, hay que tomar en cuenta que, por ejemplo, en el caso de querer tasar las cafradas por su gravedad, simplemente al momento de determinar eso no se podría prever todos y cada uno de los casos posibles que podrían darse en un futuro, por lo que inevitablemente habría que regresar, tarde o temprano, a la determinación más subjetiva de la cafrilidad. Lo que sí me parece más factible, es la ponderación y filtración de la variable tiempo. ¿A alguien se le ocurre otra sugerencia para mejorar el índice cph? A mí me parece que las limitaciones del índice cph que hemos comentado podrían, hasta cierto punto, superarse al contar con más personas que realicen sus propias mediciones del índice cph, y lo compartan en el sitio para poder sacar promedios que tomen en cuenta una gama más amplia de estas apreciaciones subjetivas variables. Así, el cph vendría a ser algo similar a los precios en un mercado.

Tomando en cuenta todo lo que hemos reflexionado hasta el momento, me parece que cabe decir que sí hay un lado positivo de la subjetividad del índice cph (dejando claro que, a nivel gnoseológico o metodológico, no necesariamente pienso que el subjetivismo sea de por sí algo “malo”: lo que pasa es que, cuando no se entiende con alguna profundidad algo como, por ejemplo, el individualismo metodológico, se tiende muy fácilmente a confundirlo con relativismo moral, “egoísmo” en su connotación moral o espiritual, etc.). El índice cph será un indicador, no de la cantidad de cafradas objetivas que suceden alrededor de quien lo formula, o de las que suceden en toda la ciudad a toda hora, sino de aquéllas cafradas que fueron notorias al sujeto formulador precisamente porque supusieron para él un riesgo para su seguridad personal y vehicular, una injusticia y violación a la integridad y buen funcionamiento del tránsito mientras él formaba parte del mismo, etc. En fin, podríamos decir entonces que el índice cph es fuerte precisamente porque no refleja una realidad completa y objetiva del tránsito, sino la realidad de lo que afectó a una persona determinada. Así, el índice cph tiene por centro a la persona.

Lo que importa no es tanto la cantidad de cafradas que efectivamente se producen, sino la cantidad de cafradas que afectaron a un conductor. Como aquella antigua interrogante, “si un árbol cae en medio de un bosque sin que haya alguien presente para escucharlo caer, ¿será que produce algún sonido?…”. Alguien podría ir transitando por una calle desierta, pasándose todos los rojos que quiera, hablando por celular cuanto le guste, cambiándose de carril bruscamente y sin señalizar cuanto le plazca, deteniéndose a media calle según le venga en gusto, pero en el momento en que hay un peatón, otro conductor, entonces es cuando se produce esa alteridad que es esencia de la razón normativa, porque es en ese momento en que nuestras acciones están afectando, produciendo un riesgo, poniendo en peligro, a nuestros semejantes, a otro ser humano. Aún así, las cafradas en el ejemplo de la calle desierta serían un peligro para las personas que vayan en el vehículo del cafre, y también ahí estaría ocasionando una injusticia a quienes han confiado su seguridad, su vida, en las manos de aquel inescrupuloso conductor. Ahí también hay alteridad, ahí también hay razón de normatividad heterónoma. ¿Y si el conductor cafre va sólo? Entonces, ciertamente no podríamos adoptar la postura de que “no importa lo que se haga mientras no se cause daño a otros”, la cual únicamente opera en relación con determinadas conductas de cierta índole, o en un contexto que interprete o conciba equivocadamente la libertad humana, pues seguiría siendo cafrada el hecho de que la persona se ponga a sí mismo en peligro, pues violenta el instinto de auto-conservación, y el deber moral de resguardar la propia integridad personal. Lo que sucede es que, en tal supuesto o similares, no existe una razón normativa heterónoma o, si la existe, no es coercible, pues no hay nadie que, en la calle desierta, pueda imponer al sujeto infractor la conducta prescrita por la norma. Es decir, en términos sencillos, “eso quedará en su conciencia”. El problema es que, si llegare a producirse un resultado adverso al cafre como consecuencia de su cafril conducta (i.e., un accidente), ¿con qué conciencia se presentará ante quien le ama, para decirle: “perdóname, pero es que venía un poco tomado…”?

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Comentarios (4)

carlosb

Enero 26th, 2007 at 7:50 pm    


kilodemoníaco (”de los mil demonios”)
:em01: Jajaja!!! bueno!

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carlos

Marzo 28th, 2007 at 7:18 pm    


que onda con esta pagina , que asco :em38:

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kro

Marzo 28th, 2007 at 7:20 pm    


esta muy buena esta pagina jejeje :em20:

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juanpablo

Marzo 30th, 2007 at 12:55 pm    


Dos comentarios, diametralmente opuestos en su contenido, pero del mismo IP, con dos minutos de separación entre sí, la misma forma de escribir, el mismo uso de carita al final… hmmmm… ¿estarán poniendo a prueba la “censura”? En todo caso, ahí quedan ambos, y yo me quedo con el segundo :em20:

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